domingo, 14 de febrero de 2010

Los persas improvisan. La historia prometida.

Music House. Domingo 7 de Febrero.

Esta historia podría considerarse en un sentido como muy personal para ser incluida en el estilo del blog pero, a su vez, permite hacer algunas reflexiones que considero valiosas para compartilas en este espacio.
Para situar un comienzo diré que todo empezó con el concierto que en agosto del año pasado dieran Roi Maciaz y George Haslam en el auditorio Mauricio Lopez de la UNSL que ya conté en un post anterior.
Los persas improvisan
Tuvo una especie de continuación en diciembre en el bar Mecas de San Luis, donde fuera  con unos amigos a escuchar tocar a Roi junto a Feco Gonzalez en batería.
Un diálogo tan interesante como inesperado al final del toque anticipaba la visita de George nuevamente para febrero.
Todo lo que pasó entre el 5 y el 9 de ese febrero anticipado y realizado puede sintetizarse como un increíble número de encuentros y reencuentros decididos, inesperados, paradojales, extendidos en el tiempo y sentidos como formando  un bloque temporal.
El viernes 5 a la noche supe cómo llegar a la casa de Roi, conocí personalmente a George y reencontré a Ariel y Adriana quienes, con una enorme generosidad, me alojaron durante ese extraño fin de semana en que cumplía 49 años.
Siento que esos cuatro días pueden pensarse como un encuentro de libre improvisación. Era en principio la decisión de estar presentes y sostener personalmente el encuentro y a la vez cada uno hacer su parte.
La buena intención comunicativa y la magnífica conjunción entre whisky escocés y vino argentino permitieron salvar el abismo entre nuestro pésimo inglés y el peor español del saxofonista británico.
En una de las charlas con George Haslam pude entender que todo el esfuerzo que significaba para él viajar tres meses al año por distintas partes del mundo iba dirigido principalmente a generar encuentros que resultan tan únicos como cada sesión de free.
Con Roi podría pensarse que hemos tenido un entendimiento a nivel de esos músicos que tocan juntos por primera vez y es como si  lo hicieran desde hace años. Tras una charla y un par de mails intercambiados pudimos comprender que tenemos una amistad que no necesitó de ninguna explicitación ni ceremonia inaugural. Paradojalmente esto se da cuando yo ya no vivo en San Luis .
Respecto de Ariel, o mejor dicho, el Almirante Flora, eximio flautista que conocí en otro contexto  que no es el de los músicos  - yo sólo puedo tocar la batería (de cocina)- el reencuentro con él y con Adriana resignificó muchas cosas de mi pasado en San Luis y abre increibles perspectivas en Rosario.
Luego de los conciertos del sábado en Morrison y del domingo en Music House, el lunes a la noche hubo una sesión de whisky en casa Roi, continuada junto al almirante con la universal cerveza hasta altas horas de la madrugada en un bar cercano al hotel donde se alojaba Mr Haslam.
Las fotos que intentan de alguna manera establecer un registro de todo este encuentro fueron tomadas el martes a la tarde durante el asado que ofreció Matías -un joven estudiante de geología interesado por la libre improvisación-  por su cumpleaños. Muy pocas veces había sentido como tan necesaria la toma de ese registro, en este caso a traves de las fotos que así dan testimonio, de este encuentro singular.
Sabíamos que ese era el final de la sesión ya que George partiría esa tarde para Buenos Aires, pero sabíamos también que  han de venir otros toques, otras sesiones y otros encuentros ya que,como en la vida misma, no se trata que sigamos disciplinadamente un esquema o que hagamos lo que nos venga en ganas sino de configurar flujos intensivos en planos de composición . Digamos que cada uno hace su parte segun una propuesta que es propia de cada momento . En una auténtica improvisación no se trata de variar un tema determinado sino de generar planos, texturas, colores. La percepción y emoción de cada intérprete se conjuga con la de los otros  (aún en un solo) , incluyendo en ese otros a quienes están escuchando ya que en este espacio todo es performativo. Todos en esta acción ejercen una influencia mutua que es percibida y reelaborada y se constituye así un hecho singular.
Si esto suena muy deleuziano, es la parte que yo desarrollo en este toque que es nuestra vida.


 Muchos dicen que esta historia es un cuento chino









pero este soy yo, muy concentrado escuchando las caricias sonoras del saxo barítono de George, los implacables teclados de Roi y la impecable batería de Feco Gonzalez. Agradezco a quien tomó esta foto sin que yo lo advirtiera.
Esta historia es completamente cierta, tan hermosa como increible.


 
George Haslam con su sombrero y sonrisa característica

 
George, Richard y el Almirante. Los viejos lobos sobrevivieron a una sesión de Whisky la noche anterior  , cerveza free a la madrugada y buenos tintos argentinos para el asado que ofreción Matias por su cumpleaños.
Al momento de tomar la foto, esta última instancia no había concluido aún, tal como lo testimonia el vaso en la mano del Almirante.


 Esta es la auténtica foto power. De izquierda a derecha: Roi , George  , Richard y el Almirante Flora